He perdido la cuenta de las veces que he dicho “No vuelvo a
ir al cine nunca más”, es como jurar que no vas a volver a beber hasta
emborracharte, al final sale en cartelera algo que te resulta tan atractivo
como para pensar que merece la pena el precio. Claro que el precio que tenías
en mente no se corresponde con el que tienen los cines en la actualidad.
Sin duda han traspasado los límites, qué les hace pensar a
los propietarios de las salas de proyeccion de hoy en día que ver una película
tiene realmente ese valor, hasta dónde creen que vamos a transigir.
Ayer fuí al cine, Kinépolis Madrid, sala 5, un tamaño
normal, espacioso, sillones cómodos, eso sigue siendo igual que hace 10 años.
Menos personal, más máquinas y autoservicios, más anuncios comerciales que
trailers de próximos estrenos, un roto en la pantalla, un “enjambre” de niñatos
malcriados e irrespetuosos que hablan como si tuvieran un pito atascado en la
garganta.
El precio de este conjunto de experiencias 9’90€, conclusion;
no vuelvo nunca más al cine.
Con 9’90€ me compro un DVD o subo la velocidad de mi banda
ancha y espero a que los defensores del mundo libre compartan el material
audiovisual.
¿En serio pretenden acabar con la piratería así? Lamento
informarles señores míos, de que esto sólo nos anima a seguir descargando.
Son los últimos 9’90€ que le regalo a esa gentuza.

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