Naces, creces, te
reproduces y mueres. Naces, creces, te reproduces y mueres…
Así ha funcionado
este mundo desde siempre, los tiempos cambian, la ecuación se hace más
compleja, se añaden factores nuevos, a veces se rompe para algunos individuos
pero finalmente los ciclos generacionales se van cerrando de la misma manera.
Yo nací, un
organismo pluricelular en un planeta cuya vida se basa en el carbono. Mi raza,
humana, nada más que otro mamífero con supuesta inteligencia, raciocinio, lo
que llamamos una persona. Y entonces empecé a crecer, como nuevo ser me vi obligado a seguir las
pautas de mis antecesores, copiar a mis prójimos y, como el resto, enfrentarme
a la trampa mortal de nuestra raza, el supuesto "raciocinio e inteligencia".
Siento que somos una
raza torturada, desde el primer momento en que inhalamos la primera bocanada de
aire nos vemos avocados al sufrimiento, biológica y socialmente. El ser humano
ha tenido la desfachatez de construir un mundo sobre el que ya teníamos,
ignorando las consecuencias de tales actos nos hemos permitido hacer alarde de
la "inteligencia y raciocinio" y hemos arrasado con los recursos que la
existencia había puesto a nuestros pies. Ahora somos muchos, como un cáncer nos
hemos extendido por esta tierra y la hemos infestado. Nacemos, crecemos, nos
reproducimos, destruimos y morimos.
Hemos avanzado a
través de los tiempos superando obstáculos, transformando nuestra realidad,
buscando algo que al parecer aún no hemos hallado. Todo nuestro esfuerzo por
cubrir necesidades propias con tecnología y estudios no es más que una
desesperada forma de intentar calmar nuestro dolor.
Nacemos, sufrimos,
crecemos, sufrimos, nos reproducimos, destruimos, sufrimos, y morimos.
Toda la historia de
la humanidad es un “sin sentido”, todos nuestros actos no nos han conducido a
nada relevante, y es porque no hay nada hacia lo que dirigirse, sin embargo nos
empeñamos en llegar a una meta ficticia, en alcanzar la luz al final del túnel.
Para nosotros, para nuestra "inteligencia y raciocinio" no es suficiente con nacer, crecer, reproducirse y morir, buscamos
algo entre reproducirse y morir. Buscamos perdurar, buscamos la quimérica
“felicidad”, buscamos eliminar el sufrimiento de la ecuación. No existe la resignación en nuestra raza,
existe quizá en el individuo, no existe el altruismo en nuestra raza, existe
quizá en el individuo, existe el miedo en nuestra raza y es lo que nos empuja
en esta vorágine destructiva en la que nos encontramos como especie.
Nacemos, sufrimos,
crecemos, sufrimos, tememos, odiamos, buscamos, nos reproducimos, sufrimos,
traicionamos, destruimos, tememos, agonizamos y morimos.
La ecuación no
cesará de mutar, crecer y aterrar, pero al final siempre empieza y acaba igual.